domingo, 28 de marzo de 2010

"Poquita fe": Augusto Rubio Acosta y su poesía contextual

Gonzalo Pantigoso Layza

En estos últimos años, la literatura regional, y sobre todo la local, ha logrado un interesante impulso a través de las diferentes publicaciones y actividades realizadas por quienes están comprometidos con esta manifestación cultural. Dentro del conjunto de exponentes de la literatura en Chimbote, tenemos a Augusto Rubio Acosta, quien en estos días está presentado en diferentes ciudades de nuestro país su libro de poesía “Poquita fe”, editado por el sello Bisagra de la ciudad de Huancayo, el cual reúne una selección personal basada en sus libros “Inventario de iras y de sueños” y “Mi camisa de comando“, a los que agrega un conjunto de poemas titulado “Poquita fe” y otro con el título de “Poemas perdidos y encontrados”.
Sabemos bien que toda selección personal implica un criterio que puede o no coincidir con la del lector, pero revela una capacidad de autocrítica y un nivel de autovaloración que se podría analizar en pos de hallar tendencias y técnicas preferentes del autor. Sin embargo, en esta oportunidad vamos a hablar algo breve acerca de esos dos libros que dan origen a dicha selección y en torno a su poesía agregada.
Inventario de iras y sueños (2005), es un libro estructurado en tres partes, dividido numéricamente. La primera parte contiene quince poemas, la segunda nueve, y la tercera un solo poema.
En los aspectos formales hay que destacar la utilización de un lenguaje discursivo, metafórico y actual. Las elaboraciones como: "Ven muchacha / que dices adiós en la avenida /... / ven para coser el único botón sobre tu chompa / y las mangas de tu suéter hasta el borde / ven para convertirme en disidente / de una ciudad que no existe pero conozco / como la mugre de mis uñas ", confirman que Augusto Rubio no maneja el lenguaje poético tradicional, sino que va tras la plasmación de un lenguaje que se alimenta de la proximidad y de la cotidianidad. De alguna manera va hacia la domesticación de la palabra y al hacerlo incide en una imaginación cuya realidad verbal se fundamenta en el acercamiento a las convenciones poéticas actuales.
Hay que destacar también que inserta en su discurso poético expresiones del idioma inglés, concretando artísticamente una dinamicidad lingüística. De igual manera, en la forma poética hace uso de los versos cortos con poca incidencia en la construcción versal larga, lo cual le obliga a trabajar las encabalgaduras poéticas, que vienen a ser la forma de ir uniendo los versos sin romper el ritmo interno y externo del poema.
Temáticamente creemos que el primer poema del libro titulado "Diario", es una especie de introito a toda su poesía, allí anuncia su canto amoroso, su acercamiento a la niñez, su postura ante lo social, su sentimiento paternal, su soledad, sus silencios, sus sufrimientos y angustias, además del deseo de querer alejarse de la vida común y corriente. Él nos dice: "Aquí estoy de nuevo / a contramarea /.../ he traído mi experiencia / el silencio y las parábolas/ la multiplicidad de mis voces/... / Este es mis sistema de señales / de metáforas / y la forma de mi mundo evocativo”…
En el libro, el uso de las imágenes y las metáforas están presentes bajo una concepción lingüística alejada del tradicionalismo y una visión actual acerca de la naturaleza de los hechos. Estos dos aspectos tienden a darle una modernidad, que lo sitúan siempre al pie de la navaja y que torna interesante ver como el aliento poético no pierde su espacio, aunque el ritmo y la congruencia gramatical a veces se quiebran; pero también vale señalar que existe un subjetivismo o una intimidad intensa plasmada a través de una plurivisión que se plantea en cada poema.
En la primera parte del libro el sentimiento que predomina es el amoroso, inherente a una visión exterior. Es el planteamiento del sentimiento que va hacia la expresividad del otro: "Me bastan tus juegos de niña / suicidándote en las veredas/ y tus alejamientos involuntarios / me basta saber que existe / una canción bajo tu pecho / que camina y camina / raya y raya / como la aguja sobre un tornamesa / y mis zapatos cansados / de tanto girar." Este sentimiento no se queda en la parte interna de la vivencia sino que le sirve al autor para catalizar su sensibilidad herida: " Ven acércate a mi vida / y no preguntes donde estuve / doblado / quebrado hasta mis huesos/... / acompáñame a incendiar mis naves/ en el espigón de junto al cerro/ ven para dejar de resistirme a la canción de las hogueras". En otro de los poemas exalta la dimensión esperanzadora del amor intercalando con sus angustias: "Yo sé que la neuralgia/ que hoy me toca / me cercará a tus huellas sobre las piedras de la playa / sé que las seguiré seguramente y volveré a crearte.../ rehabilitarás el malecón invisible de mis angustias / beberé de la esperanza en tu promesa /infinita e inevitable / de llevarme". De igual manera está presente el amor inconcluso que le sirve para afirmar categóricamente: "Te irás / pero habrás de llevarme".
Toda obra poética no es sino la expresión de lo que siente el poeta y también de lo que ve. En ese sentido Augusto Rubio trasmite una sensibilidad personal que lo lleva a ser por momentos áspero y punzante, reflexivo y testimonial, realista y soñador, tierno y duro. El poeta se describe dentro de la urbe llevando su inconformidad, anhelando el destierro de su soledad y la conciencia clara de un alma todavía de niño. Todas estas sensaciones lo transportan a un subjetivismo exasperado que convierten a su poesía en un tanto hermética donde se mezclan las ilusiones y la realidad, de allí el título de iras e ilusiones.
En la segunda parte del libro se pierde casi el sentimiento amoroso para entrar a una expresividad de carácter existencial. Se percibe una fuerza vivencial y una conciencia del destino y de los actos: “Yo soy ese cimarrón irredento / que transporta historias sobre la espalda/ mi vida está escrita en la paredes/ de una urbe sin tiempo y sin espacio/ en los manojos de papel/ que recojo a diario de las calles/ en las vidas que he vivido/ en la invasión de fantasmas/ que merodean las avenidas de la memoria”...
La atmósfera de su poesía produce una sensación de desgarramiento, angustia, inconformidad. Es una poesía que busca conmovernos, tocar nuestro corazón y nuestra conciencia. Cuando uno termina de leer el libro, aunque la expresión intensa en algunas ocasiones no nos permita entrar a las causas específicas del sentimiento, siente uno la vitalidad y la convicción con que están dichas cada una de las expresiones, implicando una conciencia poética, es decir una conciencia de lo que se hace y del fin que se persigue poéticamente.
En cuanto a Mi camisa de comando (2007), es un libro estructurado en cuatro partes: primer botón, nueve poemas; cisa, doce poemas; canesú, seis poemas; puño doble, pinzas y tapeta, En este conjunto de poemas, el autor asume una forma y dirección arquitectural poética, ensayando por momentos una estructura experimental, así como una distribución cinética cuando constatamos que juega con las palabras y con los espacios en blanco.
Mantiene su propuesta de manejar un tono conversacional, un ritmo intercalado entre el poético y la prosa, la utilización de un lenguaje actual, la pluridimensionalidad temática planteada en su primer libro, y que poco a poco va determinando un estilo propio.
El yo poético asume diversas voces: a veces es la primera persona; en otras, encarna la voz de una tercera; también hace de receptor y en otras, habla de una tercera persona. Por momentos se torna una poesía hermética que alude a circunstancias o hechos tan personales que la limpidez de la intensidad y de la profundidad son opacados por la fuerza catártica, lo que implica que hay que seguir trabajando en la universalización del sentimiento o la vivencia.
Su camisa de comando (que está hecha de poesía) es su defensa ante la vida. Con ella se enfrenta a todo: a la injusticia, a la indiferencia, a la soledad, a la crítica, al desamor. Su individualidad profanada por su mismo canto lo incita a una actitud a veces irreverente, mostrando una intensidad expresiva con desenfado. En la totalidad del libro sentimos que el aliento poético se dispersa en diferentes aspectos, ajeno a una dirección unitaria, como queriendo plasmar una nueva actitud vital frente a la realidad, la vida, la sociedad.
Esta actitud final, anteriormente manifestada, es también asumida en la sección Otros poemas perdidos y encontrados de la selección personal, escritos entre 2002 y 2009, que percibimos tienen como objetivo sumar al libro desde el punto de vista temático, debido a que carecen de una estructura o unidad de conjunto como las demás secciones, ya que la misma sección poquita fe tiene como eje inspirador el arrabal de “El progreso” y constituyen poemas recientes escritos el presente año. En estos poemas Augusto Rubio se hace más localista y se desplaza por su espacio propio como un retratista tratando de vincular lo particular a lo universal. A manera de simbiosis, incide en las lisuras como elementos de fuerza expresiva pero que pueden estar revelando una falta de creatividad lingüística; además se sigue mostrando irreverente, contestatario y realista.
Por todo lo dicho, creemos que la poesía de Augusto Rubio Acosta aporta de manera importante al proceso poético de Chimbote y el de la región, es un poeta que se funde con su obra y que no está al frente de las circunstancias, sino que vive las circunstancias, es partícipe de ellas. Podemos dar fe de su autenticidad expresiva que busca con fuerza y talento ser ese creador que imprima su espíritu y sentimiento con la mayor belleza posible, para elevar al ser humano al goce espiritual. Augusto Rubio nos hace recordar que la poesía está en el mundo para expresar las esencialidades de las circunstancias y que el poeta es un revelador de lo que está oculto para el común de la gente.

Camino al sol, marzo de 2010

martes, 16 de marzo de 2010

"Poquita fe", miércoles 17 de marzo en Trujillo


El Poquita fe Book Tour 2010 continúa recorriendo el país. A las presentaciones del libro en Chimbote, Lima y Huancayo, ahora se suma Trujillo. Este miércoles 17 de marzo "Poquita fe" se presenta en el Bar Chaska, el local más underground de la ciudad de la primavera. Los comentarios estarán a cargo de Santiago Aguilar, César Olivares y Jorge Tume. Como invitado figura el representante de Bisagra Editores, Óscar Ramírez. La cita está pactada para las 7: 30 pm en el Chaska Bar (Jr. San Martín 543, a cuadra y media de la catedral). El ingreso es libre.

miércoles, 10 de marzo de 2010

IV Taller de Periodismo Narrativo

Taller a cargo del escritor y periodista Augusto Rubio Acosta, dirigido a estudiantes y docentes de ciencias de la comunicación, trabajadores del ramo y público en general.
Del 31 de marzo al 30 de abril en el Centro Cultural Centenario de Chimbote.

Contenidos:

Breve historia del periodismo. El periodismo y la literatura, tan lejos tan cerca. Entrevista, reportaje y crónica.
El nuevo periodismo. La crónica. Las mil y un posibilidades del género. De la historia lineal a la estructura. Tiempo narrativo. Punto de vista: el periodista como narrador. Primera persona.
La voz. Personajes. Cómo elegir al protagonista. Como presentar al protagonista y otros individuos. Tercera persona. Omnisciencia y equisciencia.
La realidad vista. Cómo describir el lugar de los hechos, cómo transportar al lector.
Cuándo se explica. Para quién se narra. Mostrar sin explicar. Manejo de datos y diálogos. Tensión narrativa. Importancia del primer y último párrafo.
Revisión final, ritmo y efectividad.

Duración del Taller: 10 sesiones (de dos horas cada una, dos veces por semana)
Inicio: 31 de marzo
Horario: miércoles y viernes de 6:00 pm a 8:00 pm
Inversión: Estudiantes S/: 60.00 y profesionales S/: 75.00
Certificación al final del curso.
Informes: Centro Cultural Centenario de Chimbote (Alfonso Ugarte Nº 800) o al 943 - 026132

jueves, 11 de febrero de 2010

poquita fe (a manera de prólogo)


miguel ildefonso


borges decía: “el ejercicio de las letras es misterioso; lo que opinamos es efímero y opto por la tesis platónica de la musa y no por la de poe, que razonó o fingió razonar, que la escritura de un poema es una operación de la inteligencia”. cito estas palabras para sustentar que toda opinión racional sobre un poema o sobre un conjunto de poemas, es sólo un intento de penetrar a su extraña esencia, un noble e humilde intento de asir su movible materialidad, más aun si se trata -como en este caso- de abordar una reunión de poemas de los libros publicados e inéditos realizada por el mismo poeta.

augusto rubio acosta ha reunido inventario de iras y sueños, mi camisa de comando y otros poemas, y poquita fe, libros a los que ha anexado una sección denominada poemas perdidos y encontrados, formado también por un breve segmento de trabajos ológrafos y manuscritos. como cualquier lector, me pregunto entonces al desgaire: ¿qué hace a un artista –a un poeta en este caso- creer en el arte en tiempos tan ajenos a lo sublime o a la belleza?, ¿de qué está hecha esa fe en lo perenne o lo imperecedero?... hace unas décadas, decía juan ojeda sobre esta época: “tiempo de morir/ y sobre la tierra una ausencia de dioses”, “sabemos ciertamente / que el tiempo es menos real que los sueños, y chapoteamos / con nuestras pobres voces en un tiempo perdido”. mucho nos dice aquí ojeda, tan cercano a augusto y tan cercano a todos.

“ahora los hombres sólo hablan una lengua falsa, ¿los escuchas? / nada hay allí que pueda servirte, todo es como una burla/ o una insidiosa pesadilla. / ya hemos levantado sobre los días hórridos un tiempo más puro, / y no escuchamos sino las obcecadas voces de los desgarrados.” ante esta lengua falsa a que se refiere ojeda, la misión del poeta es la de devolver a la lengua su veracidad, su pureza. no en el sentido que parte de la división jerárquica entre lo vulgar y lo culto, obviamente; sino de utilizarla, puesto que la lengua es un instrumento además, de la manera más auténtica y honesta, por decirlo de un modo ético.

“y yo escribía en las paredes / si me vieras / dirías que mi rostro ha enloquecido / he arrancado el aviso del horario de visitas del hospital / para escribirte / para que nunca te vayas / para que sueñes”, dicen los versos de augusto en su rol de poeta de lo cotidiano, de una ciudad post apocalíptica a la que encara con pasión, lucidez y -como todo poeta joven- partiendo de una tradición próxima y lejana, intensa e irresuelta; es decir: “entre la soledad y la angustia / de los viejos tiempos / y los axiomas que aún nos quedan”.

la lectura del presente libro nos punza con una lírica tersa y lacerante, como la de un moderno trovador solitario que por no adentrase a la mar y huir, se arroja al cemento y al humo del puerto. su lenguaje brota de escombros de paraísos pasados; ese compuesto de metafísica y divagación con lo cotidiano y concreto lo asemeja a la lúdica ironía y desgarradora fe en el dolor de la poesía de martín adán: verso límpido de los sentidos y pleno de melancolía. desde baudelaire, la poesía contemporánea entronca en la ciudad su hastío, su spleen; la ciudad se convierte en el territorio alienante, en el monstruo acéfalo que va fagocitando los espíritus libres. rimbaud, kavafis, lorca, vallejo, eielson, dejaron sus inscripciones en esas paredes mohosas de la modernidad, libros en los que inventaban una ciudad efímera y perenne, inocente y cruel. augusto nos dice: “a veces / pequeña / cuando los agujones de la noche aparecen / y dominan / las sombras longitudinales de la ciudad / cuando las calles de chimbote hierven / de calor / de insectos flotando en las plazas / y ya no aguanto el peso de las despedidas / las esquinas / contemplan mi sombra y mis presagios / el holocausto”.

la poesía de augusto es una constante invitación a una nueva mirada al mundo, no importa dónde nace, ya que si es nueva no tiene por qué reclamarse su origen: es desencantada, pero vitalista, irónica: “ven / acércate a mi vida / y no preguntes donde estuve”. es una atenta mirada poética hacia el mundo, tanto a las grandes edificaciones como a lo pequeño y lo abstracto, en donde lo lúdico llega a cuajar con lo metafísico: “la ansiedad y el silencio de las calles me llama / la quietud en los burdeles / y la desnudez de los caminos / el paso de los veranos / la náusea de los ebrios en la plaza / y los putamadreos de los taxistas”. el poeta nos hace ver la relación de deseo y terror con la ciudad, en ella encuentra la belleza, aunque siempre parece que ha llegado tarde: esa belleza está corrompida, enferma: “hoy no es un buen día / para escribir poemas / salió el sol / desayuné ruidoso / remendé mi camisa / y en el recodo de algún rezo / dejó de asomar la muerte”.

la poesía urbana consiste –entre otras cosas- en concentrarse en el lenguaje, desarticulándolo, deconstruyéndolo, ir más allá de lo reflexivo y la imaginación fantástica para reencontrarse con la experiencia vital. esa obsesión por los objetos, por lo concreto en los poemas de augusto, para darles espiritualidad, animación, y explicarnos la vida o el universo, nos recuerda las prosas breves de cortázar, o la destreza analógica de girondo. pero más allá de estos holocaustos, encontramos en su poesía otras aristas, otras visiones:

el tema amoroso o erótico: “la lluvia viene con su belleza / golpea la ventana de ésta / mi habitación en otro mundo / intenta apagar el incendio”. el amor no es inocente, como nunca lo fue, dado que aunque nos refugiemos en una habitación, nunca podremos escapar del acecho de este mundo ya conocido, delatado, denunciado. ante esto la poesía aún tiene su poder, por eso intenta apagar el incendio: es el único lugar donde se puede hallar y cuidar el amor, los otros sitios son clichés.

“murió también como juan / convertido en toro / testigos lo recuerdan/ embistiendo un trailer”; como buen cronista, augusto nos retrata a muchos personajes a lo largo de sus poemas. entre estos versos no podía estar ausente el chimbotano juan ojeda, poeta suicida, genial, urbano y navegante a la vez, o sea, navegante de los naufragios urbanos. lo mismo otros poetas cogeneracionales a ojeda: luis hernández y javier heraud: “aquí, javier / en el río / a cuarentaitantos pasos de tu sombra / atragantando de plomo mi garganta / y de pólvora siniestra los caminos / reclamamos de pie nuestro propio holocausto”. cada tiempo crea sus mitos, y estos poetas forman ya la triada mítica en la poesía surgida de la década del sesenta, justamente por aquella función o rol del oficio trascendental con la palabra que se derivan de los versos citados del vate chimbotano en las primeras líneas del presente texto.

entre aquellos seres que habitan “poquita fe”, hallamos también a picasso, a picabia, a personajes cotidianos como nolasco (uno de las primeros pobladores de chimbote, según se tiene noticia), pero también a los anónimos: “se internó en los basurales / del rico progre / (al fondo hay sitio) / se acercó a los pasteleros del reservorio / para preguntarles por dios / sospecharon de la ingenuidad de sus palabras / del reportaje hirviendo / de los abismos de sus vidas…/ ¿quién mierda eres para hablarnos / de los últimos tronchos del verano? / ¿por qué preguntas por la soledad de los cañazos / en la refri abandonada de tus días?...”. en la fatuidad de estos tiempos postmodernos, en que las inmensas preguntas celestes quisieran ser respondidas con esa realidad virtual tecnológica a la que cada vez más todos parecemos ser absorbidos, ¿qué preguntas hacernos?, ¿y de qué manera?

los temas existenciales están presentes en esta poesía de sinuosa urbe, de vaporosas divagaciones. el poema fluye, descarado, descarnado, despacio, como una canción anonadada, en apariencia ilógica, pre-racional. la fragmentación es su ser y estar en estos poemas que se esparcen como constelaciones. el poeta es –como decía huidobro- un pequeño dios, es por eso que seguimos inventado palabras, comunicándonos con metáforas y símbolos. la creación nunca está concluida, de esto deviene el carácter itinerante de la voz poética, como trovas melancólicas de un solitario, esperando a ese amor en alguna estación o paradero, como cuando se va a empezar un viaje. esta voz poética indaga en las oquedades sin tiempo, y encuentra en el contorno inesperado una especie de consuelo o representación de su imposible paraíso: “he caminado por calles y plazas / más no he podido encontrarte / he imaginado tu orfandad agazapada / en noches fluorescentes / y habitaciones oscuras / he vagado por horas / y fotografiado el poniente / levantado frases sin mover los labios / pisado huellas sobre el barro / y multiplicado mis pasos / el aire / tu silencio imprescindible”.

desde sus hórridos sueños, augusto, con la presente reunión poética de sus libros, cumple con hacernos ver dos planos simbólicos de la experiencia humana: el primero es una especie de travesía por lo intemporal, por cuestiones metafísicas como el amor, la muerte, la belleza, la poesía. y el segundo –el exterior- con seres entrañables, a modo de testimonio, en el que se funde el quehacer poético de la existencia con los problemas sociales, los conflictos humanos, aunque siempre con esa tónica de ir más allá de esta realidad. es por eso que, luego de leer poquita fe, no sólo hemos sentido el haber abordado un tiempo y un lugar, sino también un espíritu que se ha tomado en serio este viejo oficio de la palabra y el silencio.

miércoles, 10 de febrero de 2010

"Poquita fe", el nuevo libro de Augusto Rubio Acosta

Cuando nací, nadie me dijo que arrancar el cordón umbilical de un mordisco podría provocar una desgracia; nadie me advirtió que cuando anocheciera -en la clínica- vendría el cuco al que todos los niños y sus madres temen; tampoco me hablaron del amor, el dolor o el odio; y si acaso alguien se aventuró a conocer mi alma e intentar amarla cuando estuve grande, quien sabe fue porque le resultó imposible resistir la mirada triste (y de niño-suicida) que siempre tuve.
En el tiempo en que nací, en casa nadie hablaba de poesía sino de la turbidez del aire, la buena pesca, las huelgas de los obreros y de la ropa húmeda tendida en los cordeles, apestando; cuando era niño, mamá iba y venía de su oficina haciendo sonar sus tacos desde lejos y dotaba mi mundo de alegría a su llegada, de pequeñas sonrisas con hoyito dibujadas en los cachetes de cuando se es tierno, cuando provocamos nuestro primer incendio –inextinguible- en la cabecita de los fósforos recién hurtados y no se sospecha aún nada malo de la vida.
Nadie conoce tanto los secretos de mi soledad como los que se han acercado a mi poesía; y hablo no sólo de los poemas que han surgido de ésta mi cabeza é libro (así me dicen en los bajos fondos), sino también de aquellos que se han constituido en mis siempre vivas lecturas y en experiencias vitales. a Tere -mi madre- por ejemplo, jamás le sugirieron en su momento echar a la basura el biberón y el andador obsoletos que mi difunto padre adquirió para su pequeño vástago, tampoco comprar periódicos, libros y revistas que ella jamás leería y esparcirlos -como juguetes- sobre los muebles de la sala. De ese tiempo proviene –ahora lo sé bien- mi impureza, mi pasión, el estar harto de ser yo, el vicio éste que me conduce a la muerte.
Quien les habla -o les escribe- no tiene nada sino poesía para justificar la vida. Eso es lo que soy y ésto es lo que he escrito.
A estas alturas, es evidente que no me importa o no sé cómo demonios terminar de darle forma a esta especie de introito absurdo, y no me avergüenza decirlo; al contrario, me enorgullezco de ello. Supongo que si hubiese hablado ahora mismo en difícil me hubiera otorgado cierto caché o valor agregado ante los lectores, y si hubiese citado algunos autores y obras clásicas o si las hubiese analizado, interpretado y comparado -de refilón- con mis poemas, a la luz del existencialismo, la semiótica, la hermenéutica, el psicoanálisis y los patrones o vanguardias existentes, otra sería la impresión que dejaría a quienes aún persisten en la lectura de esta nota introductoria y anodina que he titulado de manera subrepticia en honor a una vieja pero querida canción y a su antigua filosofía.
En realidad -y aunque nadie me crea- pasaba de casualidad por esta esquina (por acá ando a veces, cuando no estoy en Twitter). Pasaba y sólo quise detenerme un toque a pedir prestado un lápiz y decir algunas cosas que siempre quise decir pero nunca pude (en verdad jamás me dieron espacio). Pasaba por esta calle para asomarme a alguna ventana abierta de descubrimiento o de confirmación. Quien sabe en el fondo no intentaba sino aprovechar la página en blanco para ejercitar el desapego, el silencio y el desprecio por el orden de esta podrida sociedad en la cual sobrevivimos; quien sabe sólo quise solidarizarme con los hombres y mujeres que padecen en la poesía la más horrible variante de la soledad: la soledad del que ni siquiera se tiene a sí mismo; tal vez me acerqué a ustedes para confiarles que a veces uno aspira a escribir un libro que se comente a sí mismo, que constituya una declaración sin palabras (y muchas veces se fracasa).
Así -como se colige-, yo no soy nadie para decir línea alguna sobre mi poesía ni sobre la poesía de nadie; el tiempo, la crítica y los verdaderos lectores dirán si “Poquita fe” está vivo o si nació muerto, si es poderoso y capaz de promover el pensamiento y la discusión o si para nada sirve y urge echarlo a la hoguera (que se lo lleve el camión de la basura), al olvido. Decirles nomás que los poemas incluidos en esta apretada selección personal (una pieza más de mi prontuario) fueron escritos con el espíritu subversivo que siempre ha conducido mi existencia, decirles que el presente es lo único que tenemos y es lo único que hay (like the song), y que como bien señala Cioran -viejo pata, mejor amigo-, sólo es subversivo el espíritu que pone en tela de juicio la obligación de existir.
* Tomado de la nota introductoria de "Poquita fe" (Bisagra Editores. Huancayo, 2010), el nuevo libro de Augusto Rubio Acosta.

miércoles, 20 de enero de 2010

Postergan Seminario Literatura y redes sociales


Desde el Terminal Terrestre de Chimbote, @mareacultural y @mijarosoft hablan sobre la postergación del Seminario-Taller Literatura y redes sociales programado para el 20, 21 y 22 de enero en la sede del Instituto Raúl Porras Barrenechea, de la Universidad de San Marcos, en Miraflores. El evento ha sido reprogramado ahora para el 1, 2 y 3 de febrero en el mismo lugar y horario. Mil disculpas a todos, el paro nacional de 48 horas del sector transporte impidió nuestra presencia en Lima.

viernes, 15 de enero de 2010

Seminario-Taller Literatura y redes sociales, en San Marcos


Con el objetivo de brindar a los participantes recursos y herramientas que permitan optimizar el uso de las redes sociales con fines pedagógicos, orientarlos en la elaboración de contenidos y potenciamiento de plataformas digitales, para de esta forma mejorar la difusión y distribución de información cultural en los medios 2.0, el Instituto Raúl Porras Barrenechea, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos ha organizado para los días 20, 21 y 22 de enero del presente el Seminario-Taller Literatura y redes sociales, evento académico que será dictado por Augusto Rubio Acosta y Milton Rojas Chávez. Informes en el teléfono: 619-7000 anexo 6102 e inscripciones abiertas en la sede del Porras Barrenechea (Calle Colina 398, Miraflores).